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jueves, 26 de abril de 2012

"ANALIZANDO AL ENEMIGO TERRORISTA"...Informe Militar y Político...

Algunas consideraciones militares.

En estos ataques hubo un patrón táctico aplicado sistemáticamente:
1- Efectuaban los ataques en fines de semana.
2- Por la noche.
3- Utilizando falsos uniformes del Ejército.
4- Utilización de militantes cumpliendo el servicio militar obligatorio que les proporcionaban sencillos pero esenciales datos de Inteligencia y facilitaban el acceso coincidiendo con sus turnos de guardia.


Lo sorprendente es que el Ejército fue incapaz de neutralizar estas tácticas que conforman el ABC de los manuales de guerrilleros y comandos. No se tomaron elementales medidas de seguridad, como aumentar las dotaciones de retén y guardia los fines de semana (hubo un caso en que había un solo oficial de guardia: un teniente)
. O proteger las Armerías con guardias de suboficiales, o con puertas de seguridad electrónica como las utilizadas por los bancos. No se instalaron circuitos de video-vigilancia ni se minó el perímetro de los cuarteles. Tampoco pudo su Inteligencia impedir la infiltración de soldados enemigos, y no logró infiltrarse en la profundidad del ERP hasta finales de 1975: Monte Chingolo. Esta desidia paralizante duró... seis años. Si el ataque de Monte Chingolo no hubiera sido delatado, el ERP se habría apoderado de 20 toneladas de armas.

La sociedad se preguntaba cómo podía garantizar la soberanía nacional un Ejército incapaz de impedir que civiles armados coparan sus cuarteles, les causaran bajas, capturaran a sus oficiales y vaciaran sus arsenales. Algo que aún hoy sigue provocando estupor en analistas e historiadores.

Tampoco la Armada y la Fuerza Aérea pudieron garantizar la seguridad de sus buques y aviones. El 22 de agosto de 1975, un comando de buzos montoneros consiguió burlar la seguridad de la fragata misilística Santísima Trinidad atracada en los Astilleros Navales de Río Santiago, en Ensenada, colocando bajo el casco 170 kilos de sofisticados explosivos utilizados para demoliciones submarinas. El buque no se hundió, pero la estructura del casco sufrió importantes daños.

Seis días después, el 28 de agosto, Montoneros también burló la seguridad de la Fuerza Aérea volando con 160 kilos de explosivo exógeno C-2 que ellos fabricaban con tecnología propia -hasta el punto de que le montaron una fábrica a la OLP de Arafat durante la guerra del Líbano- la pista del Aeropuerto 'Teniente Matienzo' de Tucumán, cuando despegaba un Hércules C-130 con 114 efectivos de la Gendarmería Nacional que regresaban a su cuartel en San Juan tras haber operado contra el ERP en los montes tucumanos. Con sus tanques repletos de combustible, el avión se convirtió en una gigantesca bola de fuego que dejó un saldo de 6 gendarmes muertos y otros 60 heridos con espantosas quemaduras.

El 15 de marzo de 1976 los montoneros estacionaron y estallaron un coche-bomba con falsa matrícula militar junto a la entrada del Comando General del Ejército cuando entraba un grupo de jefes y oficiales que sólo resultaron heridos. El 29 de abril adosaron cargas explosivas, descubiertas a tiempo, en seis cazabombarde-ros Mirage en la VIII Brigada Aérea de J.C. Paz, en Buenos Aires. En octubre colocaron una carga explosiva destinada al general Videla nada menos que en la guarnición de Campo de Mayo; y otra en el Círculo Militar, que provocó graves heridas a 60 militares retirados y familiares.

En diciembre de ese año, finalmente, volaron una sala del Ministerio de Defensa matando a 14 jefes y oficiales de Inteligencia e hiriendo a otros 30. Su último atentado contra unas instalaciones militares increíblemente vulnerables, se produjo el 5 de abril de 1977, cuando una montonera (hija de un brigadier)
logró introducir y hacer estallar una bomba de Trotyl en el edificio Cóndor, sede del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea, que sorprendentemente no provocó víctimas. El ERP, por su parte, el 18.02.1977 hizo estallar 105 kilos de explosivos bajo la pista del Aeroparque 'Jorge Newbery' cuando despegaba el avión presidencial con el general Videla a bordo. Fallaron por pocos segundos.

También hubo dos ataques al Ejército que no hemos incluido en la serie anterior por no tratarse de copamiento de unidades.

El 29 de abril de 1971 las FAR asaltaron en Pilar (Bs. As.)
un camión del Ejército, hiriendo y luego rematando al teniente 1º Mario César Azúa. También hirieron al soldado Hugo Vacca que quedó parapléjico y falleció en 1975. Se llevaron 196 pistolas, 3 fusiles FAL y 2 subfusiles PAM.

Conviene hacer un inciso para recordar quienes eran aquellos 'jóvenes idealistas' o 'guerrilleros románticos'. Según la investigación hecha por el SIE, el teniente Azúa fue rematado por Sara Solarz de Osatinsky a la que también atribuyeron haber dado el tiro de gracia al policía Esteban Sullings durante la toma de Garín y al guardia Juan Valenzuela durante la fuga del penal de Rawson en 1972. Años después fue capturada por los marinos de la ESMA y la integraron en el llamado Staff: prisioneros que, además de delatar nombres y domicilios, realizaron tareas auxiliares: confeccionar dossiers de prensa y redactar análisis políticos que terminaban en el despacho del almirante Massera, empeñado entonces en organizar un partido político a partir de los grupos montoneros refugiados en México, España, Italia y Francia al mando de Firmenich, con quien se reunió en París para exponerle su proyecto.

Algunos de aquellos oficiales montoneros que integraron el Staff fueron: Pilar Calveiro, actual catedrática de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de México; Graciela Beatriz Daleo, socióloga, participa en cátedras libres sobre Derechos Humanos; Martín Tomás Gras, subsecretario de Promoción de Derechos Humanos y asesor del Ministerio de Defensa en Doctrina Política de la Defensa Nacional; Lila Pastoriza de Jozami; Miriam Liliana Lewin, periodista, ex secretaria de Massera y traductora para el Centro Piloto de París montado por la Armada según su testimonio ante el juez León Carlos Arslanián; Norma Susana Burgos, Noemí Actis Goretta, Mercedes Inés Carazzo, y Anita Dvantman, que terminó casándose y teniendo dos hijos con su interrogador, teniente de fragata Jorge Rádice.
Testimonio de Miriam Lewin:
http://web.archive.org/web/20060427184329/http://www.nuncamas.org/testimon/lewin.htm
Otros prisioneros del Staff fueron 'doblados' y pasaron a operar para el Grupo de Tareas. Como Silvia Labayrú, que introdujo al teniente Astiz entre las Madres de Plaza de Mayo presentándolo como su hermano, y asistió a cuatro reuniones con colaboradores de las Madres que luego fueron secuestrados: su declaración legajo 6838-Conadep, Nunca Más, pág. 136.


También hubo un Mini Staff de montoneros doblados hasta el punto de interrogar y torturar a sus antiguos compañeros. En 1977 fueron integrados como suboficiales en el Servicio de Información Naval. Uno de ellos fue Máximo Nicoletti, el buzo montonero que dinamitó el destructor Santísima Trinidad.

El otro ataque se produjo el lunes 18 agosto de 1975. Cuando el capitán Miguel Alberto Keller, acompañado de un suboficial y cinco soldados, se disponía a entrar en el Tiro Federal a bordo de una camioneta del Ejército para efectuar una comprobación técnica de armamento, se le acercó un individuo uniformado y con grado de teniente coronel. Como era preceptivo, el capitán descendió del vehículo para presentarse, momento en que fue asesinado por un comando del ERP que tras reducir al suboficial y a los soldados huyó llevándose la camioneta cargada con 70 FAL, 4 FAP y 21 pistolas. El presunto teniente coronel resultó ser el jefe del comando, y un soldado fue el entregador. Días después la Policía Federal recuperó 23 fusiles, detuvo a 10 erpianos y dio muerte en enfrentamiento al soldado cómplice.


Algunas consideraciones históricas y políticas.
Uno de los argumentos más utilizados por las izquierdas argentinas para calificar como 'terrorismo de Estado' la ofensiva contraterro-rista llevada a cabo por las Fuerzas Armadas, consiste en citar los casos de organizaciones terroristas de otros países, como la alemana RAF y/o banda Baader-Meinhof, o la italiana Brigadas Rojas, que 'fueron desarticuladas por las fuerzas policiales, juzgadas y encarceladas en el marco de la legalidad y un Estado de derecho', dicen.

Otro sofisma disparatado, porque la banda alemana original (luego sus seguidores operaron durante varios años pero con poca intensidad)
quedó definitivamente derrotada cuando cuatro de sus jefes fueron asesinados en la cárcel de máxima seguridad de Stammheim, Stuttgart, el 18.10.1977:

Andreas Baader y Jan Carl Rasper fueron hallados en sus celdas con un disparo en la cabeza.

Gudrun Ensslin, ahorcada.

Irmgard Möller, acuchillada, pero sobrevivió.

Ulrike Meinhof ya se había "ahorcado" en 1976.

Esto, que los mediocres sofistas silencian sin ruborizarse, sucedió en un Estado tan de derecho y democrático como la República Federal Alemana que presentó las muertes como un 'suicidio colectivo'.

Obviamente, este argumento 'legalista' es una de las tantas artimañas del discurso izquierdista para ocultar su responsabili-dad, confundir a la opinión pública y demonizar a las Fuerzas Armadas.

Su origen fue el Prólogo falso y manipulador del Nunca Más, escrito por el marxista Ernesto Sábato, que junto con Borges almorzó y departió una larga sobremesa en la Casa Rosada con el general Videla y el general Jorge Villarreal el 19.05.1976. "Un hombre culto, modesto e inteligente" dijo de Videla a la salida. Y en 1978 declaró a la revista alemana GEO que "la mayoría de los argentinos rogaba casi por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder para terminar con ese vergonzoso gobierno de mafiosos (...)
una época en la que los extremistas de izquierda habían llevado a cabo los más infames secuestros y los crímenes monstruosos más repugnantes". Concluyendo: "Sin duda alguna, en los últimos meses muchas cosas han mejorado en nuestro país, las bandas terroristas han sido puestas en gran parte bajo control".

Después de aquel histórico almuerzo, un Borges seducido por el anfitrión declaró: "Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo que salvó al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber aceptado las responsabilidades del gobierno".
(La Voluntad, Caparrós y Anguita, tomo 3, pág. 72)


Por lo demás, resulta sarcástico escuchar las palabras Legalidad y Estado de Derecho en boca de la izquierda argentina que se alzó en armas contra siete gobiernos constitucionales: Frondizi, Illia, Cámpora, Lastiri, Perón, 'Isabel' Perón y Alfonsín. Desde Masetti hasta Gorriarán Merlo. Marxismo y Estado de Derecho es una contradicción en los términos, puesto que la doctrina persigue la destrucción del Estado burgués y su Derecho: superestructuras jurídicas de la explotación capitalista.

El sibilino argumento de 'represión legal' omite mencionar datos esenciales:

1- Las organizaciones terroristas argentinas eran incomparable-mente más peligrosas para el Estado que las europeas citadas (que no sumaban más de 100 activistas entre las dos) tanto en número de efectivos (unos 7.000 entre combatientes y 'políticos'; o ejército, milicias y partido)
como en poder de fuego, servicios y logística: fábrica de subfusiles, lanzagranadas y explosivo plástico de Montoneros.

2- Su accionar formaba parte de una ofensiva revolucionaria continental en la que participaban otras fuerzas como Tupamaros, FARC, ELN, etc. No es posible extendernos aquí sobre los contactos que mantenían entre sí estas organizaciones, ni el papel coordinador y de entrenamiento militar jugado por Cuba.

3- No practicaban un terrorismo clásico (sólo desestabilizador)
como sus camaradas europeos, sino uno funcional al proyecto estratégico de fundar un ejército guerrillero regular, tomar el poder y hacer de Argentina un Estado socialista. Nada de esto formaba parte de los objetivos, y no digamos de las posibilidades, de las bandas europeas mencionadas.
Más aún: hoy está probado que la Baader-Meinhof de la República Federal Alemana era una 'orga' de la Stasi (Ministerio de Seguridad del Estado)
de la comunista República Democrática Alemana. Y en cuanto a las Brigadas Rojas, también están probadas judicialmente sus vinculaciones con la Mafia, y con los servicios secretos que les utilizaron para asesinar a Aldo Moro. Tal como hizo Montoneros con Aramburu.

4- Sus estructuras, fuerzas y poder de fuego no eran ni remotamen-te comparables a las de aquellas bandas de pistoleros. Eran fuerzas paramilitares (ERP)
equipadas con armamento capturado al Ejército Argentino, encuadradas en seis compañías de 100 combatientes y con oficiales entrenados por un ejército profesional (Cuba) para operaciones de asalto y combate urbano. Y para maniobrar como guerrillas en los montes de Tucumán.

Montoneros, por su parte, operaba con pelotones urbanos armados con fusiles de asalto, Itakas, subfusiles, lanzagranadas RPG.7 y granadas de mano. Asimismo, ambas organizaciones se estructuraban con una red de servicios y logística propia de un ejército clandestino: seguridad, inteligencia, comunicaciones, transporte, escuelas de formación política y militar, relaciones internacionales, imprenta, prensa, sanidad, finanzas, arsenales, cárceles y fábricas de uniformes, armas y explosivos. Estas complejas estructuras funcionaban gracias a una rígida disciplina articulada por escalas jerárquicas, reglamentos, y tribunales que en ocasiones emitieron condenas de muerte.

5- Como consecuencia de todo lo anterior -que podría ampliarse- a diferencia de las pequeñas sectas terroristas europeas, las organizaciones armadas argentinas estructuradas como fuerzas paramilitares, aunque también operaban como terrorismo clásico, estuvieron en condiciones de desencadenar y mantener durante once años una guerra revolucionaria.

Tampoco vale aplicar el criterio de 'represión legal' a la ETA o al IRA pues ambas organizaciones independentistas practicaban un terrorismo clásico (desestabilización complementaria a un accionar político)
con explosivos y ejecuciones del tipo 'tiro en la nuca'. Obviamente, ninguna de las dos poseían unidades de combate paramilitares, ni desataron una guerra revolucionaria.
Durante toda su larga historia, los etarras se entregan sin disparar cuando son capturados. En 50 años han tenido ¡2 bajas! Una terrorista que rompió esta norma en su arresto, y otra despedazada por la bomba que preparaba. ETA nunca entró en combate. Nunca, ni una sola vez, se enfrentó a balazos con la policía o guardia civil. Y tienen subsfusiles y pistolas. La razón es muy simple y lógica: optaron por el fugaz 'tiro en la nunca' en la calle. Y luego, y hasta ahora, por los atentados con coche bomba pues sus efectos son devastadores y no provoca bajas propias. El IRA aplicaba el mismo criterio de eludir enfrentamientos armados con las fuerzas británicas.

En Argentina, la guerra revolucionaria hizo finalmente inevitable que la contraofensiva del Estado fuera por medio de sus Fuerzas Armadas, pues las policiales fueron desbordadas durante seis años. Y que, como en toda situación de guerra interior, las Fuerzas Armadas procedieran a aniquilar a las fuerzas revolucionarias alzadas contra el Estado.

Cuando un Ejército entra en operaciones lo hace para aniquilar a la fuerza enemiga, no para detener a sus efectivos y entregarlos a los jueces.
Por durísima que haya sido la respuesta militar, no puede negarse que las Fuerzas Armadas actuaron desde el primer decreto de febrero de 1975 (Operativo Independencia)
y el segundo del 6 de octubre de ese mismo año, dentro de la más estricta legalidad determinada por la Constitución: subordinadas al presidente de la República, su comandante en jefe.

Especular sobre si esa aniquilación debió llevarse a cabo mediante el fusilamiento de los prisioneros tras juicios de guerra en lugar de ejecutarlos clandestinamente, es un debate sin sentido y estéril; porque el método elegido es accesorio a lo fundamental: que el gobierno constitucional de la Nación, hay que repetirlo, ordenó aniquilar la subversión. La opción de encarcelar a los terroristas fue descartada porque el Estado no podía arriesgarse a que más tarde un gobierno izquierdista, como el de Cámpora, decretara una segunda Amnistía y volviera a recomenzar la pesadilla.

El desarrollo militar alcanzado en 1975 por la subversión armada obligó a dar una respuesta definitiva a seis años de ofensiva revolucionaria. Argentina no sería la Cuba del sur; ni la Colombia de las FARC. Esa era la situación entonces. En términos de seguridad nacional interior y exterior.

En consecuencia, el llamado Terrorismo de Estado sólo es una metáfora funcional a la propaganda política, pues no existió tal cosa sino precisamente todo lo contrario: Contraterrorismo de Estado.

Y bajo un Estado de guerra interior reconocido como tal por un gobierno constitucional.

Asunto de vital importancia, pues la política de derechos humanos del régimen Kirchner niega tal escenario guerracivilista, ya que reconocerlo obligaría a juzgar a los militares por el Derecho de la Guerra, y no por el Derecho de la Paz.
Es la maniobra jurídica para no considerar crímenes de guerra y 'lesa humanidad' (no prescriptibles)
a los cientos de asesinatos cometidos por la izquierda terrorista, sino delitos 'comunes' que han prescripto.
La definición de conflicto armado interno establecida por la Segunda Convención de Ginebra en 1949 se ajusta al caso argentino, en particular a las operaciones del ERP en Tucumán.

Respecto al Estatuto de Roma, éste tipifica como crímenes de lesa humanidad los ataques generalizados y sistemáticos contra la población civil llevados a cabo por fuerzas del Estado, lo cual garantiza la impunidad penal para las fuerzas insurgentes, terroristas, etc. Gracias a esta doctrina jurídica, de clara vocación izquierdista, tres oficiales superiores de la Conducción Nacional del Ejército Montonero responsable de unos 500 asesinatos y homicidios, están en libertad: Mario Eduardo Firmenich, Fernando Vaca Narvaja y Roberto Perdía.

Resumiendo: el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 interrumpió la continuidad del orden político institucional, pero las operaciones contraterroristas continuaron siendo legales porque fueron decretadas por un gobierno constitucional, ratificadas por el Congreso y recibidas con alivio por los partidos políticos, los sindicatos, las asociaciones empresariales, la prensa y la sociedad en general. Es Historia.

Por lo tanto, sus presuntos crímenes deberían ser juzgados en el marco de las Convenciones de Ginebra, ya que no realizaron 'ataques generalizados y sistemáticos contra la población civil', sino contra miembros de fuerzas insurgentes que en modo alguno pueden ser considerados civiles. ¿Alguien en su sano juicio consideraría civiles a los guerrilleros del Viet Cong, de las FARC o de Hezbollá?

La clave de aquella etapa histórica, por consiguiente, debe buscarse en las relaciones de causa-efecto. En la guerra revolucionaria que las izquierdas desencadenaron entre abril del 69 y noviembre del 79; una Guerra en la que sólo murieron ochenta militares y policías menos que los 631 militares en las Malvinas.

De estos diez años y siete meses de 'guerra sucia' y terrorismo contra el Estado y la población civil deberían hablar las izquierdas; pero carecen de la nobleza intelectual y moral necesarias para admitir su responsabilidad penal y política, y pedir perdón a las familias de sus víctimas: esos 762 civiles y funcionarios militares y policiales del Estado que asesinaron, desaparecieron de la vida, en nombre de una ideología enloquecida y mesiánica de guerra de clases y dictadura del proletariado. Y a todo el pueblo argentino, por querer poner una parte del territorio patrio al servicio mercenario de la expansión ideológica y militar de Cuba y la URSS.

Cegadas por una omnipotencia alimentada por el fanatismo y las fantasías neuróticas sobre el paraíso socialista, las sectas guevaristas de los setenta, despreciadas por la clase obrera que jamás les reconoció como 'vanguardia', se autolegitimaron como ángeles exterminadores al servicio de las sagradas leyes marxistas de la Historia. Y confundiendo la realidad con sus deseos voluntaristas, se creyeron en condiciones de desafiar militarmente al Estado argentino, a los profesionales de la guerra.

En realidad, la izquierda terrorista argentina de los años setenta no fue aniquilada. Se suicidó.
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Para no extendernos más en el Epílogo, hemos omitido mencionar la intervención de militares cubanos en las guerrillas de Venezuela (1962), Argentina (1964) y Bolivia (1967), así como el papel desempeñado por el régimen castrista en la gestación de la Guerra Revolucionaria Argentina (1969-1979).

Fuente: TERMIDORIANOS 
Por la Verdad Histórica...Comentado y publicado ppor Miguel...
 http://porlamemoria-miguel.blogspot.com

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